

En el despiadado tablero de ajedrez que es el inframundo criminal de Chicago, el apellido Volkov no es simplemente una referencia; es una sentencia para cualquiera que se atreviera a confrontar al patriarca de la familia. Serik, el Pakhan de la facción más sádica y tecnológicamente avanzada de la Bratva, gobierna con una brutalidad que ha helado la sangre de generaciones.Como uno de los cuatro Reyes de la Mesa del Poder, compartiendo el control con los Sokolov y los Morozov, Serik es el maestro indiscutible de la logística y el armamento, controlando los puertos y el flujo de destrucción biológica y nuclear. Pero su imperio, construido sobre cadáveres y terror, carecía de un heredero varón que perpetuara su linaje del horror. Su única hija, Andreina, era una mente científica brillante, una rosa eslava crecida en el caos y la tragedia, amada por su padre pero subestimada por su género.Tras la brutal ejecución de su esposa Mila, la cual estaba embarazada, el hombre se sumergió en un sadismo aún mayor, viendo en su primogénita un tesoro que proteger, no un líder que forjar. Tras graduarse con honores de una de las mejores universidades del país, Andreina recibió como regalo un viaje por europa que concluiría en Grecia, un intento desesperado de su padre por alejarla de la oscuridad de su realidad.Pero el destino es un tejedor caprichoso, pues muchos afirman que la fémina jamás volvió, sin embargo, con el pasar de los meses otro aseguran que un día después de tanto buscar a la primogénita del pakhan, el aire en Chicago se volvió denso, cargado de una electricidad estática que erizaba la piel la noche en que Andreina Volkova regresó de Mykonos. No traía consigo solo el bronceado del Mediterráneo, sino una tormenta gestándose en su vientre y un secreto que desafiaba las leyes de la física que ella, como científica, tanto respetaba. El idilio en las costas helénicas con aquel militar llamado Deimos no había sido un simple desliz de verano. Fue una colisión de mundos.Deimos, el nombre mundano con el que Ares se había presentado, no solo había amado a la rusa con la posesividad de un dios; la había venerado como a una reina, una victoriosa de su guerra misma. Antes de que el deber divino lo obligara a desvanecerse en el éter, dejando a Andreina con el corazón blindado, le entregó un legado: un estuche de ébano con armas punzocortantes forjadas en los fuegos de Hefesto, cuya hoja vibraba al contacto con la mano de la mujer.
──── "Para nuestra hija" ──── susurró él. ──── "el acero siempre encontrará el camino de regreso a su mano y estaré para ella si me invoca en la sangre".Maksim Ekaterina Volkova, nació bajo un cielo color carmesí un 31 de octubre. Desde su primer llanto, que sonó más como un grito de guerra que como un lamento, Andreina supo que la niña no era humana. La crió con una voluntad feroz, mezclando la disciplina de una educación de élite con la preparación para el caos que Serik exigía. Su madre, utilizando sus conocimientos, descubrió pronto el primer gran secreto del que Deimos hablaba, la sangre de la pequeña rubia poseía propiedades regenerativas milagrosas. En sus experimentos de laboratorio, observó cómo una gota del plasma de su hija cerraba heridas abiertas en segundos, una bendición que el Pakhan Volkov pronto vería como el activo más valioso para su ejército privado.Sin embargo, para Maksim, su sangre no era solo medicina; era un vínculo con lo eterno.
La transición de la infancia a la adultez fue una metamorfosis divinamente violenta.
La semidiosa no solo buscaba finos vestidos de seda, sino el peso del metal y el aroma a polvora. Mientras estudiaba Medicina en la Universidad de Columbia, manteniendo una fachada de perfección académica y frialdad aristocrática, la rubia sentía el llamado del conflicto. Fue allí donde comenzó a experimentar con su herencia: podía sentir el acero de los bisturís resonar en sus huesos, pero el mundo académico era demasiado pequeño para una mujer tan inquieta como ella. Así que desafiando las expectativas de la sociedad, solicitó su traslado a la USMA. Y entonces, entre los muros de piedra y la disciplina castrense, la heredera de los Volkov se convirtió en un verdadero depredador.En West Point, la leyenda de la "quimera" como solían llamarla por ese temperamento infernal, sumado a que parecía una encantadora de serpientes cuando quería salirse con la suya, comenzó a gestarse. Maksim no solo sobresalía por su intelecto estratégico; era su presencia en el campo de entrenamiento lo que aterrorizaba a sus superiores. Durante los simulacros de combate, la rubia demostró habilidades que desafiaban la lógica militar. Tenía la capacidad de invocar armas: cualquier hoja forjada con acero que estuviera cerca se redirigía hacia ella como si fuera un imán viviente, volviendo a su mano con una precisión quirúrgica. Pero el don más oscuro, el que heredó de la faceta brutal de Ares, se manifestó durante una práctica de fuego real: la capacidad de invocar a los muertos en batalla. No eran fantasmas, sino ecos de guerreros caídos que se materializaban como sombras cinéticas para confundir y diezmar al enemigo bajo su mando.Serik, con su astucia característica, vio en estas capacidades no una maldición, sino el arma definitiva que sabía necesitaban.
Su ascenso en WP fue meteórico. Su disciplina, su inteligencia táctica y sus habilidades sobrehumanas la destacaron rápidamente. No solo se graduó con honores, sino que se ganó el respeto y el temor del sexo opuesto. Su objetivo no era simplemente servir a su país adoptivo; era infiltrarse en las unidades de élite para obtener información, tecnología y, sobre todo, infundir miedo por ese claro e infinito ego que jamás estaba completamente satisfecho.Su talento la llevó a ser reclutada por el Delta Force, la unidad de operaciones especiales más exclusiva del mundo. Allí, bajo el radar y con solo unos pocos altos mandos conscientes de su verdadera identidad por pura conveniencia y negocios de armamento biológico y nuclear de por medio, Mak operaba como un fantasma. Era el "Army" perfecto, una soldado ejemplar que ejecutaba misiones de aguas negras, mientras tejía una red de contactos y obtenía acceso a secretos militares que luego utilizaba para fortalecer el imperio de su abuelo en Chicago y Rusia.Maksie vivía una doble vida. De día, era la Capitana Volkova; de noche, para muchos jamás dejaría de ser la indefensa princesa bajo las faldas de su familia, una que no llenaba los zapatos de su abuelo. Utilizaba su posición militar para facilitar las operaciones de contrabando de armas, eliminando obstáculos y garantizando la seguridad de los cargamentos.Su infiltración no era un simple acto de espionaje; era una invasión silenciosa. La rusa estaba imponiendo miedo y respeto en las más altas esferas militares, preparando el terreno para que, una vez que fuera elegida por los suyos para sentarse en la Mesa del Poder, tuviera algo tangible que ofrecer, como un control total sobre el armamento, la tecnología y la medicina exclusiva, gracias a todos los experimentos y hospitales secretos que su familia había desarrollado bajo su supervisión y la de su madre por años, demostrando así que las habían subestimado. Y sobre todo, que se habían equivocado con quién era ella.



𝙴𝙽 𝙲𝙾𝙽𝚂𝚃𝚁𝚄𝙲𝙲𝙸𝙾́𝙽...